¿Cómo queremos vivir dentro de unos años? ¿Con quién queremos compartir esa etapa de nuestra vida? Estas fueron algunas de las preguntas que estuvieron en el origen de El Llar Cohousing.
El proyecto nació de un grupo de personas con afinidades e intereses comunes que comenzaron a imaginar otra manera de vivir su futuro: compartiendo espacios y actividades y construyendo una convivencia que les permitiera seguir desarrollándose como personas a lo largo de toda su vida. Lo que comenzó, como ellos mismos explican durante la entrevista, siendo «un sueño común», ha ido tomando forma hasta convertirse en un proyecto cooperativo.
En el segundo episodio de nuestra serie de videopodcast conversamos con Amalio, Celia, Paco, Beatriz, Françoise y Óscar, socios y socias de El Llar, para conocer desde dentro el proyecto y su manera de entender la vivienda colaborativa.

Recuperar la vida en comunidad
Para explicar qué es un cohousing, desde El Llar recurren a una idea sencilla: no se trata tanto de inventar una nueva forma de vivir como de recuperar algo que las ciudades han ido perdiendo.
Compartir, colaborar, ayudarse y conocer a quienes viven a nuestro alrededor son algunas de las ideas sobre las que construyen su modelo. A ellas se suman la convivencia, los cuidados, el carácter intergeneracional y una concepción no especulativa de la vivienda.
El proyecto busca desarrollarse en Gijón, una elección vinculada tanto al arraigo de parte de sus integrantes como a las características de una ciudad que les permite combinar naturaleza con actividad cultural, deportiva y social y, al mismo tiempo, disponer de servicios próximos, algo especialmente importante en un proyecto que incorpora los cuidados de larga duración entre sus pilares.
La cooperativa como propietaria, las personas como usuarias
Uno de los elementos que diferencia el modelo de El Llar está precisamente en su forma de entender la propiedad.

La futura vivienda no se plantea como una suma de propiedades individuales. Será la cooperativa la propietaria del conjunto y sus socios y socias dispondrán de un derecho de uso. De esta manera, las viviendas no se convierten en bienes destinados a la compraventa o a generar beneficio económico. Si una persona abandona el proyecto, recupera el capital social aportado actualizado según lo establecido, mientras otra persona puede incorporarse a la cooperativa. A lo largo de la conversación los socios hacen hincapié en varias ocasiones en una idea que quieren que cale en la sociedad sobre la cooperativa de El Llar: «No especulamos».
Es una fórmula que conecta directamente con los principios de la Economía Social: la propiedad colectiva, la participación y la búsqueda de una respuesta compartida a una necesidad tan esencial como la vivienda. Desde El Llar lo expresan también como una forma de promover el acceso a la vivienda sin especulación: «nosotros promovemos, no hay negocio».
Convivencia y cuidados frente a la soledad
Pero El Llar no es únicamente un proyecto residencial. Su dimensión social ocupa buena parte de la conversación.
Sus integrantes plantean el cohousing como un modelo capaz de generar relaciones cotidianas, apoyo mutuo y comunidad, también como respuesta ante situaciones de soledad no deseada, que pueden afectar tanto a personas mayores como a personas jóvenes. Conocer a los vecinos, poder contar con ellos, ayudar, aprender y aportar a los demás forman parte de esa manera de entender la convivencia.
Los cuidados están igualmente presentes en su visión de futuro. Una de las ideas que resumen el proyecto es que «el cohousing es tu casa para toda la vida». El objetivo es disponer de espacios y apoyos que permitan continuar viviendo en el propio entorno incluso cuando aparezcan mayores necesidades de cuidados.
Espacios privados para vivir, espacios comunes para compartir
El proyecto combina la intimidad de una vivienda propia con numerosos espacios comunitarios.
Las viviendas privadas se plantean como apartamentos de aproximadamente 60 o 65 metros cuadrados, adaptables a las características de cada unidad familiar. A ellas se añadirían espacios compartidos como comedor, zonas para actividades, biblioteca, lavandería y áreas verdes, además de propuestas como un huerto o un bosque comestible. La participación en actividades como las comidas compartidas se plantea de forma voluntaria.
Y la comunidad que imaginan no termina en los límites de la cooperativa. El Llar quiere mantener una relación abierta con su entorno y compartir, cuando sea posible, espacios y actividades con las personas del barrio. «Somos un proyecto social», recuerdan durante la conversación.
Un proyecto de Economía Social que mira al futuro
El camino hasta aquí no ha estado exento de dificultades. Uno de los principales obstáculos que identifican sus integrantes es todavía el desconocimiento sobre el cohousing y la necesidad de explicar qué significa realmente este modelo. De ahí una de las afirmaciones más rotundas de la entrevista: «No somos una comuna, no somos un gueto, no somos una inmobiliaria disfrazada». Son, explican, un grupo de personas que quiere convivir.
Ahora, uno de los próximos pasos fundamentales para el proyecto está relacionado con el terreno sobre el que esperan construir su futura casa en Gijón y con el correspondiente procedimiento público para su adjudicación.
La conversación con El Llar nos permite acercarnos así a otra forma de pensar la vivienda desde la Economía Social: no solo como un espacio que habitamos, sino como una herramienta para construir comunidad, compartir cuidados y decidir colectivamente cómo queremos vivir.
🎙️ Puedes ver la entrevista completa con El Llar Cohousing en el canal de YouTube de ASATA.
Financiado por la Dirección General de Empresa y Comercio del Principado de Asturias a través de la convocatoria de subvenciones para la difusión de la economía social y el fomento del asociacionismo.

